
Una campaña que comenzó a tomar fuerza en redes sociales contra las cámaras de vigilancia de Flock Safety está llegando también a Washington, donde algunos de estos dispositivos han sido vandalizados mientras crece el debate sobre privacidad y vigilancia.
El movimiento, conocido como “Deflocking”, busca identificar las cámaras instaladas en calles y carreteras, informar al público sobre su ubicación y presionar a ciudades y departamentos de policía para que cancelen sus contratos con la empresa.
En la región del Puget Sound, la estación local King 5 reportó recientemente casos de cámaras Flock vandalizadas, incluso destruidas, en el sector de Covington. En medio de esta campaña, es el reflejo de una controversia que ya se extiende por distintas partes del país.
¿Qué hacen las cámaras Flock?
Las cámaras de Flock Safety son lectores automáticos de placas, conocidos como ALPR, por sus siglas en inglés. Utilizan tecnología de inteligencia artificial para registrar placas y características de los vehículos, además de la fecha, hora y ubicación donde fueron detectados.
De acuerdo con la propia empresa, el sistema no utiliza reconocimiento facial ni registra directamente la identidad del conductor. Flock asegura que los datos son administrados por las agencias que contratan el servicio y que las búsquedas realizadas por los usuarios quedan registradas.
Sin embargo, el sistema permite construir un historial de los movimientos de un vehículo. Sus críticos advierten que las cámaras Flock pueden registrar a personas que nunca fueron sospechosas de cometer un delito cada vez que pasan frente a uno de estos dispositivos.
La preocupación es que, al combinar información de múltiples cámaras y jurisdicciones, las autoridades pueden reconstruir patrones de movimiento y determinar, por ejemplo, cuándo y dónde suele desplazarse un vehículo.

Una red de vigilancia que creció rápidamente
Flock ha instalado más de 120,000 cámaras en Estados Unidos, según datos publicados recientemente por la empresa y reportados por medios nacionales. El sistema procesa miles de millones de lecturas de placas cada mes.
La información también puede compartirse entre agencias dependiendo de las configuraciones establecidas por cada departamento o jurisdicción.
Esta característica ha generado una de las principales críticas contra Flock: que una cámara instalada por una ciudad puede formar parte de una red mucho más amplia de información disponible para otras agencias.
Una investigación reciente de WIRED encontró, por ejemplo, que una ciudad de Georgia comparte información de Flock con más de 2,000 organizaciones, mientras también recibe datos de otras agencias.
El temor al uso indebido
Las críticas aumentaron después de que investigaciones periodísticas documentaran casos en los que agentes de policía utilizaron los sistemas para realizar búsquedas que aparentemente no estaban relacionadas con investigaciones criminales legítimas.
Entre los casos reportados se encuentran agentes que utilizaron las herramientas para buscar información relacionada con exparejas o intereses personales. The Washington Post informó que las autoridades señalaron a decenas de agentes por el uso indebido de la red.
El problema no es solamente quién puede acceder a la información, sino también qué puede hacer con ella.
La American Civil Liberties Union (ACLU) sostiene que los lectores automáticos de placas pueden convertirse en una herramienta de vigilancia masiva porque permiten registrar los movimientos de personas que no están acusadas de ningún delito. La organización afirma que estos sistemas pueden revelar visitas a médicos, lugares de culto, escuelas, protestas y otros sitios sensibles.
La ACLU lanzó además la campaña “Get the Flock Out”, con materiales para que comunidades presionen a sus gobiernos locales para limitar o cancelar el uso de estas cámaras.
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De las protestas al vandalismo
El rechazo no se ha limitado a campañas en internet.
Activistas han creado mapas colaborativos para localizar las cámaras y compartir su ubicación. Uno de los más conocidos es DeFlock, una iniciativa que permite identificar dispositivos de vigilancia instalados en distintas comunidades.
Al mismo tiempo, algunas personas han optado por acciones más radicales. Cámaras Flock han sido pintadas, dañadas, cortadas o retiradas en distintos puntos del país.
The Washington Post identificó al menos 33 casos de vandalismo o destrucción de cámaras en 23 estados, aunque otros registros y reportes posteriores han documentado más incidentes.
Las autoridades han condenado el vandalismo y, en algunos casos, han realizado arrestos. Para los activistas, sin embargo, estos incidentes son una expresión de una preocupación más amplia sobre el crecimiento de la vigilancia automatizada.
Algunas ciudades están dando marcha atrás
La presión pública también ha llevado a algunas comunidades a cancelar o no renovar sus contratos con Flock.
Los casos se han multiplicado durante los últimos meses, mientras residentes y organizaciones de derechos civiles cuestionan si los beneficios para combatir el crimen justifican la recopilación masiva de información sobre vehículos.
En Washington, mientras tanto, las cámaras Flock ya forman parte de ese debate. Y la campaña “Deflocking” demuestra que la discusión ya no ocurre únicamente en los ayuntamientos o departamentos de policía, sino también en las redes sociales y en las calles.
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