
Cuando Alexander Juárez habla de su futuro, lo hace con una convicción que contrasta con algunos de los momentos más difíciles que vivió durante su adolescencia.
Hoy se prepara para comenzar sus estudios en Edmonds College con la intención de convertirse en trabajador social y ayudar a otros jóvenes. Sin embargo, llegar a este punto no fue sencillo.
Alexander nació en Costa Mesa, California, hijo de padres mexicanos originarios de Oaxaca. Durante su infancia estuvo rodeado de familiares y encontró en esa comunidad un sentido de pertenencia que extrañó cuando su familia se mudó al estado de Washington.
«Me encantaba mucho California porque tenía toda mi familia que vivía allí», recordó. «Pero cuando nos mudamos a Washington, me sentía raro. Es como dejar el país. Es como un mundo diferente aquí».

La adaptación fue difícil. Alexander describió problemas económicos, periodos de inestabilidad en la vivienda y una sensación constante de aislamiento.
«Algunas veces no teníamos comida en casa», dijo.
Con el tiempo, las dificultades familiares y emocionales se acumularon. Durante la adolescencia enfrentó problemas de consumo de drogas y tomó decisiones que, según reconoce hoy, pusieron en riesgo su futuro.
Una oportunidad cuando parecía que todo estaba perdido
Tras pasar una etapa complicada lejos de Washington, Alexander regresó al estado y se matriculó nuevamente en Scriber Lake High School.
Fue allí donde conoció a Charis McConnel, especialista de apoyo y recursos familiares de la escuela.
McConnel recuerda que Alexander llegó necesitando apoyo y orientación.
«Alex tiene un futuro por delante. La determinación, la esperanza y los obstáculos que ha superado son impresionantes», afirmó.

Con el tiempo, la relación de confianza que construyó con el personal de la escuela se convirtió en un punto de apoyo fundamental.
«Me enseñó que todavía tengo oportunidades. Que todo no está perdido. Todavía tengo la oportunidad de terminar la high school y todavía puedo tener un futuro bueno», dijo Alexander sobre McConnel.
Según la consejera, el joven también comenzó a convertirse en una influencia positiva para otros estudiantes.
«Ha tomado a un grupo de chicos bajo su ala aquí en Scriber. Es un maravilloso modelo para ellos», señaló.
Del apoyo cotidiano a las actividades comunitarias
Parte de ese trabajo se refleja en actividades como la jornada de limpieza y mantenimiento del jardín escolar realizada recientemente en Scriber Lake High School. La iniciativa reunió a estudiantes, personal escolar, voluntarios y miembros de la comunidad en un espacio que busca fomentar la convivencia, el aprendizaje y el bienestar de los jóvenes.
La actividad contó con el respaldo de Verdant Health Commission. Esta organización apoya programas enfocados en mejorar la salud y el bienestar de las comunidades del sur del condado de Snohomish. A través de su apoyo a Washington Kids, Verdant contribuye a que estudiantes como Alexander tengan acceso no solo a recursos básicos, sino también a espacios de acompañamiento, actividades extracurriculares y oportunidades para fortalecer su sentido de pertenencia.

Para los organizadores, este tipo de iniciativas complementa el trabajo que se realiza durante todo el año con estudiantes que enfrentan desafíos económicos, familiares o emocionales.
Además, ayudan a crear entornos donde los jóvenes pueden sentirse apoyados y conectados con su comunidad.
El impacto de Washington Kids
La recuperación de Alexander ha sido gracias a la ayuda de McConnel y de los programas de la asociación sin fines de lucro Washington Kids, una organización comunitaria que trabaja con estudiantes y familias que enfrentan dificultades económicas y personales.
Kim Gorney, fundadora y directora ejecutiva de Washington Kids, explicó que la organización nació hace 11 años cuando un grupo de madres buscaba una manera de ayudar a estudiantes que enfrentaban inseguridad alimentaria y falta de vivienda.
«Nos enteramos que desde el momento en que salían de la escuela hasta la mañana siguiente que regresaban, no tenían nada para comer», recordó.

Lo que comenzó con distribución de alimentos evolucionó hacia una red de apoyo con ropa, zapatos, artículos de higiene, programas extracurriculares y acompañamiento para estudiantes.
«Las cosas que la gente da por sentadas todos los días no estaban disponibles para ellos», explicó Gorney.
Encontrar una familia
Para Alexander, el mayor impacto no fue solamente material.
Después de años marcados por la pérdida de amistades, conflictos familiares y una profunda sensación de soledad, encontró en Washington Kids un espacio donde se sintió aceptado.
«Cuando Washington Kids entró en mi vida, me sentía muy feliz. Sentía que por primera vez en mi vida estaba siendo parte de una familia», dijo.

El joven participó en un programa después de clases donde convivía con otros estudiantes, compartía alimentos y encontraba un espacio seguro para hablar sobre sus experiencias.
«Me siento amado. Hay gente que me ama y que me quiere cuidar», afirmó Alex.
Gorney considera que ese sentido de pertenencia es una de las razones por las que muchos jóvenes logran mantenerse enfocados en sus estudios.
«Tratamos de darles el apoyo para que sepan que creemos que valen la pena», dijo.
Un impacto que trasciende las necesidades básicas
McConnel aseguró que el trabajo realizado por Washington Kids ha tenido un efecto profundo en algunos de los estudiantes más vulnerables de la comunidad.
«Como seres humanos, necesitamos pertenecer. Necesitamos ser amados, necesitamos ser aceptados y necesitamos saber que somos importantes», afirmó.
La especialista recordó que durante sus primeros años en Scriber Lake High School varios estudiantes fallecieron por sobredosis o suicidio.
«Desde que hemos tenido este nivel de apoyo de Washington Kids, no hemos tenido estudiantes que hayan muerto por sobredosis o suicidio», señaló.
«Washington Kids literalmente ha salvado vidas».

La salud mental, un desafío creciente entre los jóvenes
Las dificultades emocionales y los problemas de salud mental entre adolescentes y jóvenes han sido motivo de preocupación para especialistas y organismos internacionales durante los últimos años.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada siete jóvenes de entre 10 y 19 años padece algún tipo de trastorno mental, lo que representa el 15% de la carga mundial de morbimortalidad en este grupo de edad.
La OMS señala además que la depresión, la ansiedad y los trastornos del comportamiento figuran entre las principales causas de enfermedad y discapacidad durante la adolescencia.

El organismo también advierte que el suicidio es la tercera causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años.
En este contexto, tanto el personal educativo como las organizaciones comunitarias que trabajan con jóvenes destacan la importancia de contar con espacios de apoyo emocional, orientación y acompañamiento para estudiantes que enfrentan situaciones complejas dentro y fuera de la escuela.
Esta realidad ayuda a explicar por qué programas como los que ofrece Washington Kids son vistos por educadores como Charis McConnel como una herramienta importante para conectar a los jóvenes con recursos, apoyo y redes de acompañamiento en momentos difíciles.
Mirando hacia el futuro
Alexander se graduó recientemente de Scriber Lake High School y comenzará sus estudios universitarios en las próximas semanas.
Su objetivo es dedicar su vida profesional a ayudar a jóvenes que enfrentan desafíos similares a los que él vivió.
«Yo sé que hay niños que están sufriendo como yo y yo quiero ayudar», dijo.

Al recordar el apoyo recibido durante los últimos años, tiene claro el papel que desempeñaron las personas que creyeron en él cuando más lo necesitaba.
«Si Washington Kids no hubiera entrado en mi vida, no estaría aquí. Yo creo que no me hubiera graduado».
Para Kim Gorney, historias como la de Alexander ayudan a explicar por qué la organización continúa su trabajo más de una década después de haber comenzado alrededor de una mesa de cocina.
Y para Alexander, representan una oportunidad de devolver a otros jóvenes la ayuda que él mismo recibió cuando más la necesitaba.

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