
EVERETT, Washington — Hay ocasiones en las que uno entra al teatro preparado para ver una obra y termina viendo también el paso del tiempo.
Eso ocurrió con Anastasia: The Musical, la producción SummerStock de Village Theatre’s KIDSTAGE que se presenta en el Everett Performing Arts Center. Una historia conocida por generaciones llega al escenario de la mano de jóvenes artistas locales y de una producción que sorprende por su nivel musical, escénico y vocal.
Pero para nosotros había una razón adicional para estar allí: sobre ese escenario estaba Maia Vázquez, a quien conocemos desde que tenía unos seis años. La niña que vimos crecer es hoy una joven artista que canta, baila, actúa y demuestra una presencia escénica difícil de ignorar.

Y sí, en este caso resulta imposible separar completamente la mirada periodística de la emoción.
Una historia conocida contada por una nueva generación
Anastasia: The Musical lleva al público desde los últimos años del Imperio ruso hasta el París de la década de 1920, siguiendo a Anya, una joven que intenta reconstruir su pasado y encontrar respuestas sobre su identidad.
El musical tiene libreto de Terrence McNally, música de Stephen Flaherty y letras de Lynn Ahrens. La producción de KIDSTAGE está dirigida por Porscha Shaw, con dirección musical de Aaron M. Davis Norman y coreografía de Nehemiah Hooks.
La obra está inspirada en las películas de 20th Century Fox, mediante un acuerdo especial con Buena Vista Theatrical, y parte de la obra teatral de Marcelle Maurette, adaptada por Guy Bolton.
Pero uno de los elementos que hace especial esta versión es quiénes cuentan la historia.

SummerStock reúne a intérpretes de distintas edades y etapas de formación. Sobre las tablas coinciden niños de escuela primaria con estudiantes de secundaria y universitarios. Las diferencias de edad y experiencia, sin embargo, prácticamente desaparecen cuando comienza la función.
El resultado es un elenco que refleja de manera natural la diversidad de nuestra región: distintas historias, orígenes, edades y experiencias compartiendo un mismo escenario.
Una producción juvenil que por momentos hace olvidar que lo es
Quizás una de las mayores sorpresas de Anastasia sea precisamente esa.
Saber que estamos ante una producción protagonizada principalmente por jóvenes podría crear ciertas expectativas antes de entrar al teatro. Pero basta avanzar en la obra para entender que el nivel de exigencia es mucho mayor.
Por momentos, Anastasia hace olvidar al espectador que está viendo una producción juvenil.
La interpretación de Anya está a cargo de Ella Heiner, mientras que Alexander Hernandez da vida a Dmitry Sudayev. El reparto incluye además a Jayden Davis como Gleb Vaganov, Paul Abwao como Vlad y Madeline Williams como la emperatriz viuda.

Entre el elenco encontramos también presencia hispana. Además de Maia Vázquez, Carmen Cerda y Lily Cerda forman parte del ensamble y participan como bailarinas en la secuencia de Swan Lake.
Es una presencia que adquiere un significado particular en una región donde nuevas generaciones de artistas latinos buscan y encuentran espacios para desarrollar y mostrar su talento.
Una orquesta que eleva toda la producción
Otro de los grandes aciertos está en la música.
La orquesta en vivo consigue una dimensión que sorprende. Su formación incluye teclados, bajo, cello, percusión, batería, instrumentos de viento y dos violines. El resultado es un sonido sólido, amplio y de un nivel profesional envidiable.
Aaron M. Davis Norman está a cargo de la dirección musical, mientras que Zachary Kellogg participa como conductor y director musical asociado, además de tocar teclado.
Y el resultado se escucha.
La orquesta no funciona simplemente como acompañamiento. Se convierte en una parte fundamental de la experiencia y ayuda a darle a la producción una escala que, por momentos, recuerda a espectáculos de presupuestos y dimensiones mucho mayores.
Es uno de los elementos que permiten que una producción construida alrededor del talento joven alcance una calidad que hace pensar en escenarios profesionales de primer nivel.
Maia Vazquez se apodera de Lily
Y entonces aparece Lily.
Maia Vázquez interpreta al personaje y además desempeña el papel de Dance Captain de la producción.

En la segunda mitad del espectáculo, Lily se convierte en una descarga de energía.
Vázquez canta, baila, actúa y maneja la comedia con una seguridad que transforma la dinámica del escenario. No necesita demasiado tiempo para apropiarse del personaje y, cuando Lily encuentra su espacio dentro de la historia, Maia también encuentra el suyo.
Hay además un pequeño detalle detrás de escena que termina teniendo un efecto enorme frente al público.
Vázquez contó que conversó con el equipo musical y sugirió incorporar un matiz más latino a uno de sus números. La idea fue acogida.
Y se siente.

Ese toque aporta ritmo, personalidad y una energía diferente al número. Es uno de esos momentos capaces de levantar una sala y demuestra algo quizá todavía más importante sobre la joven intérprete: no solamente está aprendiendo a ejecutar lo que recibe, sino también a aportar ideas dentro de un proceso creativo.
Es en esos momentos cuando Maia termina apoderándose de Lily y, con ella, de una buena parte de la segunda mitad de Anastasia.
Ver crecer a una artista
Aquí es donde esta reseña inevitablemente se vuelve personal.
Conocemos a Maia Vázquez desde que era una niña de aproximadamente seis años. Por eso resulta difícil explicar lo que significa verla ahora sobre un escenario de estas dimensiones, convertida en una joven mujer que desborda talento y seguridad.
Y podría decirse que el talento viene de familia.
Maia es hija de Jorge Vázquez y Karina Gasperín, dos profesionales que durante años han estado vinculados a los medios y al entretenimiento hispano de nuestra región. Pero en la familia hay otra joven artista: su hermana, Georgia Vázquez.

Durante años, cuando coincidíamos con la familia, era Georgia a quien acostumbrábamos ver al frente, sobre el escenario, como cantante principal de la orquesta de su padre. Esta vez, desde el escenario de Anastasia, era Maia a quien veíamos actuar y cantar.
Para quienes hemos visto crecer a las dos hermanas, la imagen tenía un significado especial.
Ver a Maia abrirse ahora su propio camino desde las artes escénicas produce orgullo. Orgullo para sus padres, sin duda, pero también para quienes la conocemos desde pequeña y para una comunidad hispana que necesita ver a sus nuevas generaciones ocupando escenarios, creando, proponiendo y demostrando de qué son capaces.
Maia no está allí simplemente como parte de una familia de artistas. Está construyendo su propio espacio.
El talento local merece ser visto
Anastasia: The Musical demuestra también por qué vale la pena mirar hacia los escenarios de nuestra propia región.
No siempre hay que viajar a Nueva York para encontrar una noche de excelente teatro musical.
Aquí hay jóvenes cantando, actuando y bailando a un nivel que sorprende. Hay músicos dando a la producción una dimensión profesional. Hay niños compartiendo escenario con estudiantes de secundaria y universitarios. Hay artistas de distintos orígenes encontrando un lugar dentro de una misma historia.
Y hay talento hispano formando parte de todo ello.
Quizás esa sea una de las cosas más valiosas de esta producción: no necesita hacer de la diversidad un discurso. Está simplemente allí, sobre el escenario, como reflejo de la comunidad que existe fuera del teatro.
Village Theatre presenta Anastasia: The Musical en el Everett Performing Arts Center como parte de SummerStock, el programa de KIDSTAGE que brinda a jóvenes artistas la oportunidad de participar en una producción de gran escala con orquesta en vivo.
Fuimos al teatro para ver una historia sobre una joven que intenta descubrir quién es y de dónde viene.
Terminamos viendo algo mucho más cercano: una nueva generación de artistas de nuestra propia comunidad descubriendo hasta dónde puede llevarlos su talento.














