Seattle, WA – Un conocido proxeneta de Seattle fue sentenciado el lunes 10 de marzo, a 15 años de prisión por cargos federales de tráfico sexual, poniendo fin a una larga investigación sobre una red de explotación que operaba en el oeste de Estados Unidos. Winston Burt, de 32 años, conocido como «Dice Capone», también deberá cumplir 15 años de libertad supervisada tras cumplir su condena. La sentencia fue dictada por el juez John H. Chun, quien siguió las recomendaciones de un acuerdo entre los fiscales y la defensa de Burt.
Durante la audiencia, la fiscal federal adjunta Kate Crishman detalló la brutalidad de las acciones de Burt contra las mujeres que explotaba sexualmente en las calles de Seattle. Crishman explicó que Burt obligaba a las mujeres a tatuarse su nombre en la cara y las sometía a cuotas diarias de hasta 2,000 dólares, sin permitirles regresar a casa hasta alcanzar esa cantidad. Además, las víctimas eran sometidas a golpizas y castigos físicos si no cumplían con las exigencias.
De acuerdo con un comunicado de prensa de la oficina de la fiscalía de Estados Unidos para el oeste de Washington, el caso tomó un giro dramático en noviembre de 2022, cuando una de las víctimas intentó escapar de Burt. La mujer, de 20 años, fue golpeada y amenazada con un arma por Burt antes de que lograra huir semidesnuda hacia el tráfico. Un conductor de Uber intervino para rescatarla, pero Burt disparó contra el vehículo. El conductor, que estaba armado, respondió al ataque y logró escapar con la víctima, quien fue trasladada al Centro Médico Harborview para recibir atención médica.
Las autoridades arrestaron a Burt al día siguiente en un Airbnb en el sur de Seattle. En el momento de su captura, Burt llevaba un collar de diamantes valorado en 29,000 dólares y un reloj de lujo de 85,000 dólares. Además, la policía confiscó 41,000 dólares en efectivo. Según los fiscales, Burt utilizaba su estilo de vida ostentoso para atraer y manipular a las víctimas, mostrándoles una vida de riqueza y lujo en redes sociales para luego someterlas a una explotación brutal.
La fiscal Crishman subrayó que Burt utilizaba violencia y control psicológico para mantener el poder sobre sus víctimas. Incluso llegó a ordenar a otras mujeres que golpearan a las víctimas que intentaban resistirse. «Su rostro estaba tan desfigurado que no podía salir a trabajar porque atraía demasiada atención», señaló Crishman en referencia a una de las víctimas. Burt podría haber enfrentado una cadena perpetua por los cargos federales, pero el acuerdo de culpabilidad permitió reducir la sentencia a cambio de que Burt admitiera su responsabilidad, evitando así un juicio para la víctima.