Ann Arbor, MI – El medicamento Ozempic, utilizado principalmente para tratar la diabetes, ha sido un éxito de ventas, en gran parte debido a su efecto secundario de pérdida de peso. Su origen se remonta a un descubrimiento en el veneno del monstruo de Gila, un lagarto de las regiones áridas y cálidas del extremo norte de México y del suroeste de Estados Unidos. La hormona presente en su veneno, que hace más lenta la digestión, fue clave para el desarrollo de este fármaco, mostrando cómo la naturaleza puede ser una fuente de innovación médica. 

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Recientemente, un monstruo de Gila en particular, llamado Pebbles, resultó ser el paciente. Este reptil, que vive en Creature Conservancy, una organización educativa en Ann Arbor, Míchigan, contrajo un parásito letal llamado Cryptosporidium. Ante la falta de opciones de tratamiento efectivas, la organización decidió buscar ayuda en la química farmacéutica, evitando la eutanasia recomendada por los veterinarios. 

De acuerdo con un artículo publicado por el NY Times, el encargado de esta misión fue Tim Cernak, un químico farmacéutico de la Universidad de Míchigan, quien anteriormente trabajó en el desarrollo de medicamentos para enfermedades humanas como el cáncer y la diabetes. En los últimos años, Cernak ha explorado la idea de aplicar la química farmacéutica en la conservación, investigando tratamientos para enfermedades que afectan a diversas especies, desde ranas hasta tortugas marinas. 

El equipo de Cernak estudió la muestra del parásito extraída de Pebbles, descubriendo que estaba protegido por una gruesa capa gelatinosa que dificultaba su eliminación. A falta de financiamiento y con la urgencia de salvar al reptil, recurrieron a un medicamento utilizado en ganado para tratar infecciones similares. En diciembre y enero, Pebbles recibió varias dosis del fármaco ocultas en su comida, pero los resultados aún son inciertos debido a la lenta digestión de los lagartos. 

Este caso ilustra los desafíos y oportunidades de la química de la conservación. Si bien la aplicación de fármacos en la fauna silvestre plantea preocupaciones ambientales y regulatorias, también representa una esperanza para especies amenazadas. Cernak y su equipo siguen explorando nuevas soluciones para enfermedades en la naturaleza, buscando equilibrar el impacto ecológico con los beneficios de la medicina moderna. 

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