Michoacán, MX – El Congreso de Michoacán aprobó la prohibición de las corridas de toros y otros espectáculos con animales que impliquen violencia o sufrimiento. Sin embargo, el veto no incluyó a la charrería, el jaripeo ni las peleas de gallos. Con esta decisión, Michoacán se convierte en el séptimo estado de México en erradicar la tauromaquia.
Durante la votación, que resultó en 19 votos a favor, 9 en contra y 8 abstenciones, se vivieron momentos de tensión dentro y fuera del recinto legislativo. A las afueras del Congreso, defensores y opositores a la medida se manifestaron, reflejando la división de opiniones en torno al tema. La iniciativa fue impulsada por la diputada Sandra Arreola, del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), y respaldada por la Comisión de Medio Ambiente.
El debate duró aproximadamente dos horas y estuvo marcado por la controversia. Algunos legisladores calificaron la decisión como apresurada y sin suficiente consulta ciudadana. Víctor Manríquez González, del Movimiento Ciudadano (MC), solicitó que la propuesta regresara a la Comisión de Medio Ambiente para mayor análisis, pero la moción fue rechazada. Por su parte, Baltazar Gaona García, del Partido del Trabajo (PT), argumentó que el dictamen no fue divulgado con la anticipación requerida por la Ley Orgánica, pero su objeción tampoco prosperó.
Desde el ámbito taurino, el torero michoacano Isaac Fonseca criticó la resolución, señalando que los representantes del sector no fueron tomados en cuenta. Además, cuestionó la incongruencia de prohibir las corridas de toros mientras se mantienen las peleas de gallos. Ante este panorama, Fonseca anticipó que buscarán amparos legales para revertir la medida.
El decreto entrará en vigor un día después de su publicación en el Diario Oficial del Estado de Michoacán y modificará los artículos 67 y 68 de la constitución local, reforzando la protección y el bienestar animal. La nueva legislación prohíbe estrictamente cualquier espectáculo que cause sufrimiento, derramamiento de sangre o muerte de animales con fines de entretenimiento, dejando fuera del veto otras prácticas tradicionales que también han generado debate.