Las declaraciones del gobernador Bob Ferguson durante la conferencia de prensa del 1 de abril no sorprendieron a muchos legisladores, pero sí dejaron numerosas interrogantes sin resolver.
Olympia, WA — Ferguson advirtió que no apoyará ninguna de los presupuestos planteados por la Cámara de Representantes ni el Senado estatal. La negativa del gobernador surge ante un déficit estatal histórico que ya alcanza los 16 mil millones de dólares.
Durante una conferencia de prensa ofrecida este martes 1 de abril, Ferguson fue enfático: no está dispuesto a aprobar un presupuesto que dependa de aumentos de impuestos agresivos ni de ingresos que podrían no concretarse. En sus palabras, el estado necesita tomar decisiones inteligentes, no apresuradas.
“No pienso dejar las finanzas de Washington al estira y afloja de las decisiones que vienen de Washington D.C. o de personas como Donald Trump o Elon Musk”, declaró, haciendo referencia al impacto que los cambios a nivel federal están teniendo en las finanzas estatales.
Las versiones del presupuesto incluyen incrementos en impuestos a la propiedad y la implementación de un impuesto a la riqueza —una medida que el gobernador calificó como arriesgada y sujeta a posibles batallas legales. Aunque reconoció algunos avances en eficiencia y recorte de gastos, Ferguson dejó claro que no es momento para experimentos fiscales.
Ferguson defendió la necesidad de un enfoque prudente, que preserve los fondos de emergencia del estado, proteja su calificación crediticia y esté preparado para enfrentar más recortes provenientes del gobierno federal. Actualmente, cerca del 28% del presupuesto de Washington proviene de fondos federales, y muchos de esos recursos están en riesgo por las decisiones de la administración Trump, incluyendo la cancelación de fondos de salud pública y programas de asistencia alimentaria.
“Estamos viendo una tormenta perfecta: caída de ingresos, recortes federales y presiones económicas globales”, explicó Ferguson. “Necesitamos actuar con responsabilidad, no con impulsos”.
El gobernador también subrayó la importancia de no comprometerse con nuevos gastos mientras el déficit no se reduzca de manera sostenible. Reiteró su compromiso a proteger servicios esenciales como la educación pública, la seguridad y los sistemas de salud mental, pero insistió en que cualquier nueva inversión debe ir acompañada de medidas concretas de ahorro.
Washington, uno de los estados más dependientes del comercio exterior, también podría verse afectado por los aranceles que impulsa la presidencia actual. Con casi la mitad de sus empleos ligados al comercio y exportaciones agrícolas que superan los 7 mil millones de dólares, Ferguson advirtió que cualquier tensión comercial podría agravar aún más la situación económica local.
“El presupuesto debe construirse sobre terreno firme, no sobre promesas o suposiciones”, concluyó. “No estamos en recesión, pero si no actuamos con inteligencia, podríamos llegar ahí”.