Washington D.C. – El gobierno de Donald Trump inició el martes 4 de febrero a enviar migrantes detenidos a la base naval en Guantánamo, Cuba, como parte de su estrategia para endurecer el control migratorio. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó en una entrevista en Fox News, que los vuelos con migrantes indocumentados hacia la base ya están en marcha. La medida, según declaraciones oficiales, forma parte de un esfuerzo por reducir la presencia de inmigrantes sin documentos en territorio estadounidense.
Este traslado ocurre en un contexto de deportaciones masivas impulsadas por la administración Trump. En las últimas semanas, se han retomado vuelos directos de deportación a Venezuela y se han establecido acuerdos para enviar migrantes a El Salvador, donde se encuentra la prisión de máxima seguridad más grande del hemisferio. Guantánamo, que ya cuenta con un centro de procesamiento de migrantes, ahora se enfrenta a una posible expansión para albergar hasta 30.000 personas, según un reciente memorando firmado por Trump.
El Departamento de Seguridad Nacional y el Pentágono han sido instruidos para aumentar la capacidad operativa de la base. Como parte de esta expansión, el fin de semana pasado se desplegaron tropas en Guantánamo para apoyar las operaciones de detención de migrantes. De acuerdo con el Comando Sur de Estados Unidos, actualmente hay alrededor de 300 militares involucrados en estas labores.
Históricamente, la base ha servido como refugio temporal para oleadas de migrantes interceptados en el mar, como ocurrió en los años 90 con miles de cubanos y haitianos. Sin embargo, el actual traslado de personas detenidas en suelo estadounidense representa un cambio significativo en la política migratoria y ha generado inquietudes sobre las condiciones en las que serán retenidos los migrantes.
Organizaciones defensoras de derechos humanos han expresado preocupación por la ampliación del centro de detención en Guantánamo, señalando denuncias previas sobre condiciones inadecuadas y atención médica deficiente. Mientras tanto, el gobierno de Cuba ha criticado la medida, calificándola como un acto de «brutalidad y hostilidad» hacia los países de origen de los migrantes. Con la implementación de esta nueva estrategia, el debate sobre el manejo de la inmigración en Estados Unidos sigue intensificándose.