Londres – El gobierno del Reino Unido no tiene intenciones de adoptar el término “Golfo de América” para referirse al Golfo de México, a pesar de una reciente orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump que instruye a las agencias federales estadounidenses a usar el nuevo nombre. La medida ha generado críticas, particularmente de la congresista republicana Marjorie Taylor Greene, quien ha mostrado su descontento con la decisión británica.
Un medio británico informó el jueves que el Reino Unido continuará llamando al cuerpo de agua por su nombre actual, a menos que “Golfo de América” logre un uso generalizado entre los hablantes de inglés. Según la publicación, los mapas oficiales del Reino Unido no adoptarán el cambio a menos que se convierta en el término predominante, lo cual los expertos consideran poco probable en el corto plazo.
La congresista Greene, conocida por su respaldo incondicional a las políticas de Trump, reaccionó a la postura británica con una publicación en X (antes Twitter), donde instó a que el cambio de nombre se haga realidad. “¡Tenemos que forzar que esto suceda y deberíamos hacerlo!”, escribió Greene, enfatizando su frustración por la falta de apoyo internacional a la propuesta.
This is why Congress must pass my bill renaming the Gulf of Mexico to the Gulf of America.
— Rep. Marjorie Taylor Greene🇺🇸 (@RepMTG) January 23, 2025
This funds the actual renaming on all mapping in our government.
We have to force this to happen and we should!
We rename post offices all the time this isn’t complicated. https://t.co/gyN6cmSMS5
A pesar de la insistencia de Greene, la iniciativa ha encontrado escaso respaldo tanto en redes sociales como entre líderes internacionales. En respuesta a sus declaraciones, varios usuarios en línea criticaron el intento de renombrar el Golfo de México, calificándolo de innecesario y sin fundamento práctico.
El cambio de nombre propuesto por Trump ha desatado un debate sobre la relevancia de imponer modificaciones lingüísticas unilaterales en términos geográficos establecidos desde hace siglos. Por ahora, el Reino Unido parece mantenerse firme en su decisión de no adherirse a la orden ejecutiva estadounidense, dejando en claro que cualquier cambio dependerá de la aceptación global y no de decretos individuales.